Otros ríos de interés en el concejo son el río de Lloviu, que baja al Sella atravesando la cueva del Tinganón, el Guadamía (o Aguamía), que sirve de frontera ente los territorios de Ribadesella y Llanes, y el río de Torre, que en realidad son dos, el Acebo y el Utrera, que se unen en esta aldea. El interés del Guadamía está en su parte final, por la belleza del tramo rápido de los molinos de Cuerres y de la playa de Llames, en la que desemboca. El río Acebo, en Torre, pasa por debajo de un puente geológico de roca natural llamado El Arcu, en cuyo seno existe un antiguo molino harinero. Aguas abajo, ya unidos ambos arroyos, atraviesa el sorprendente Desfiladero de Entrepeñes, de agujas cuarcíticas, y desemboca entre las dunas de la playa de Vega. El arroyo Cerracín, en el que hubo un batán a comienzos del siglo XIX, marca la línea occidental del municipio y el límite con Caravia.
El concejo riosellano posee algunas montañas considerables, algo infrecuente tan cerca del mar. La cumbre más alta pertenece a la Sierra de Escapa y es el monte Mofrechu, de 897 m., que está en las proximidades de la aldea de Santianes y del río Sella. Desde la cumbre se domina la ría, la costa y los Picos de Europa, y el acceso más fácil es la vertiente sur, por la localidad de Igena. Otras montañas notables son la Peña Pagadín, una bella mole caliza de 419 m. enclavada entre los pueblos de Calabrez, Pandu, Sardéu y Linares, y La Peruyalina, en Tresmonte, de 493. Al oeste del concejo llega la cola de las estribaciones de la Sierra deEl Sueve, donde se encuentra el mirador de El Fitu -haciendo vértice entre cuatro municipios- y las cimas de Gobia (539 m.) y la Cruz de Llames, de 554, ambas colindantes entre Ribadesella y Caravia.
La playa más importante del concejo, y una de las mejores del Cantábrico, es la de Santa Marina, conocida como “La Playa de los Picos de Europa” por su proximidad al Parque Nacional, del que dista 35 kilómetros. Está enclavada junto a la desembocadura del Sella y forma una amplia concha flanqueada por dos montes, el Somos, donde está el faro, y el Corveru, que protege la entrada del puerto. Es una gran playa de arena dorada y fina, urbana y dotada de todos los servicios modernos, tal como acredita la consecución en 2004 del distintivo Q de Calidad, una de las pocas playas españolas que lo poseen. Está bordeada de palacetes de comienzos del siglo XX y tiene un paseo marítimo recién remodelado, muy agradable tanto de día como de noche. La otra playa urbana del concejo es la de La Atalaya, una cala secreta y acogedora muy próxima a la villa, a la que acuden los amantes no sólo de la magia del lugar, sino del especial tono del bronceado que proporcionan sus cantos y cantiles jurásicos.
Las dos playas no urbanas del concejo son las de Vega (que se extiende también a Berbes) y Cuerres, situadas a ambos extremos del concejo. La playa de Cuerres, también llamada playa de Llames, forma una especie de pequeño fiordo en la desembocadura del río Guadamía y sólo deja la arena al descubierto en marea baja, por lo que deben utilizarse los espacios verdes colindantes. En los días de marejada, con la debida precaución, se pueden ver las columnas de espuma y oir los rugidos de los bufones próximos al acantilado, en su margen derecha. La playa de Vega se halla al occidente del municipio, está libre de urbanizaciones y es una de las pocas del norte peninsular que conserva su sistema de dunas. En su pedrero oriental se han encontrado restos jurásicos, y en su fondo occidental se tolera la práctica del nudismo. En las proximidades de esta playa se encuentra el Desfiladero deEntrepeñes, una impresionante formación de agujas cuarcíticas de origen ordovícico, por lo que playa y desfiladero han sido declarados Monumento Natural de Asturias. Otros pedrales, también llamados pedreros, son los de Arra, una hermosa cala -situada frente al pueblo de Collera- a la que se desciende por una escalinata en el acantilado, o los de Abéu y Tereñes, enclavados ambos en una hondonada del litoral y enmarcados entre verdes y extensas praderías.
El municipio riosellano, cuyo suelo es en buena parte de origen carbonífero, es muy rico en rocas calizas y, por tanto, en actividad kárstica o disolutiva, que produce cuevas y oquedades en el interior de los macizos rocosos. Las cuevas han sido protagonistas de la vida local tanto en la prehistoria, en la que fueron ocupadas por una importante colonia, como hoy en día, cuando sirven de materia de investigación y se han convertido en grandes recursos turísticos y culturales. Aunque en la margen derecha del Sella hay cuevas tan notables como la de San Antonio, las más importantes se concentran en la margen izquierda, y casi todas tienen su entrada en las “dolinas”, pequeños valles ciegos formados por la acción erosiva del karst. La más alejada del Sella es Cova Rosa, una maravilla geológica situada en una dolina de Sardéu, declarada Reserva Natural Parcial por contener una importante colonia de insectos en peligro de extinción y vetada tanto al acceso público como a su uso espeleológico y turístico-cultural. También en esta margen izquierda está la impresionante gruta de Boquera, atravesada por un río y por la carretera que lleva a la aldea de Cueves, así como las cuevas de Les Pedroses, en El Carmen, y El Cierru, en Fresnu, ambas ocupadas en tiempos prehistóricos.
Aparte de las mencionadas, las más importantes se hallan en el Macizo de Ardines, junto al Sella. Es un sistema de galerías intercomunicadas entre sí, originadas en los sumideros de las dolinas de Ardines y con algunos pasadizos ya cegados por derrumbamientos o cataclismos. Las cuevas principales de esta red son la del Tenis, que es la más alta y se asoma al río Sella por un mirador natural, la Lloseta, que está justo encima de Tito Bustillo y se comunica con ésta por una chimenea, y la Cuevona, una inmensa cúpula geológica iluminada por una espectacular abertura cenital que recuerda al Panteón de Roma. Hemos dejado para el final la joya de la corona, la Cueva de Tito Bustillo, uno de los tesoros mundiales del Paleolítico, que es a su vez un asombroso conjunto de galerías, salas, paneles, estalactitas y estalagmitas que por sí mismo, y al margen del valor prehistórico, merece una detenida visita. La cueva está atravesada en todo su recorrido por el río San Miguel, que desemboca en el Sella al lado de la actual puerta de acceso a la cueva.